Las mujeres acusan frecuentemente a los hombres de pensar siempre en lo
mismo. Y no se trata del fútbol. Vale, admito que a veces sólo pensamos
en una cosa y esa cosa es el sexo.
Sin embargo, recientemente he descubierto que no sólo los hombres
tienen este interés monotemático. Esto lo descubrí cuando empecé a
escribirme a través de Internet con una mujer que explicaba claramente
en su perfil que, como muchos hombres y, al contrario que muchas
mujeres, no buscaba a su alma gemela. No buscaba una relación duradera.
La palabra “compromiso” no estaba en su vocabulario. Simplemente estaba
interesada en el contacto físico.
A
lo mejor hay muchas mujeres así. Pero a mí me resultó poco común. Es el
primer caso que me he encontrado. Una mujer que sólo quiere sexo, nada
de sentimientos ni ataduras. La mayoría de los hombres describen esta
situación como el paraíso.
Desde nuestra primera cita,
Natalia dejó claro que yo le atraía. Nos tocamos mucho, nos abrazamos y
me invitó a una segunda cita. En esa cita, me llevó a uno de sus
restaurantes favoritos, escogió la mesa próxima al escenario, pidió una
botella de vino y compartió su comida conmigo. Me sentí como la mujer
dentro de la relación. Y, sinceramente, no me desagradaba del todo. Nos
cogimos de la mano durante la cena y ella empezó a besarme. Yo empecé a
preguntarme en qué planeta estaba donde llegar al contacto físico era
tan fácil y libre de estrés.
Pero mientras íbamos de camino a
casa de Natalia pensé “en lugar de darme prisa, me voy a comportar
como un caballero, le voy a agradecer la maravillosa velada y me iré a
casa.” Sin embargo, Natalia tenía otros planes. En cuanto entramos en
su apartamento, sin decir ni media palabra, me hizo suyo. De acuerdo,
yo participé activamente y sin quejarme. Y, una vez más, me pregunté
qué clase de planeta era ése en el que no había que discutir cuándo
íbamos a mantener relaciones sexuales, por qué debíamos tenerlas, qué
significa el sexo para nosotros, qué significamos el uno para el otro y
todo eso. Se trataba simplemente de pasión animal..
Todo resultó mucho más chocante cuando, para mi sorpresa, me invadió un
sentimiento de vacío: Natalia no me invitó a pasar la noche. Me dijo
que no nos podíamos ver hasta el siguiente fin de semana porque estaba
“ocupada.” Y cuando la llamé a la mañana siguiente para darle las
gracias por lo que parecía haber sido una velada agradable para los
dos, las palabras exactas de Natalia fueron “Sí, la cena estuvo bien.”
Yo
pensé “¿La cena estuvo bien?” ¿Qué es esto la venganza por los miles de
años que los hombres han hecho este tipo de cosas a las mujeres?
Dos
días después, Natalia me llamó y dijo que podíamos quedar. Pensé en
decir “No, gracias. Estoy buscando a una persona que quiera una
relación duradera.” Pero recordé lo bueno que había sido nuestro
encuentro sexual. Acabamos yendo de cañas y tapas y nos lo montamos en
el asiento de atrás de mi coche. Por desgracia, no hablamos de una
próxima cita. Al día siguiente, le mandé un email. Nunca me respondió.
Y no he vuelto a saber de ella pero le tengo que agradecer que me
enseñara algo.
Gracias a Natalia sufrí en mis propias carnes el
sentimiento de vacío y el golpe que te llevas cuando pasas de una
relación de contacto tan próximo como hacer el amor a no tener ningún
tipo de contacto. Entendedme: no estoy diciendo que actuaría de otra
manera si me encontrara con otra Natalia. Pero, sinceramente, no
escogería como primera opción a otra Natalia. Me gusta todo lo que
conlleva una relación seria. En realidad, lo quiero y lo necesito
porque es tan emocionante y agradable como el sexo; es cierto eso que
dicen de acostarse con una persona a la que quieres y que te importa.
Sólo espero poder experimentarlo antes de que me encariñe demasiado con
el fútbol.